El entorno de altas tasas de interés que ha marcado la economía mexicana en los últimos años —impulsado por la política monetaria restrictiva del Banco de México para contener la inflación— está comenzando a generar efectos importantes en materia fiscal. La Secretaría de Hacienda, mediante la Ley de Ingresos de la Federación para 2026 y ajustes a la Ley del Impuesto Sobre la Renta, ha dado un paso decisivo: incrementar la tasa de retención de ISR aplicada a los rendimientos financieros, elevándola a niveles no observados recientemente.
Este ajuste afecta directamente a personas físicas y morales que mantienen recursos en instrumentos de deuda del sistema financiero: cuentas de ahorro, pagarés bancarios, Cetes, instrumentos gubernamentales y fondos de inversión de renta fija. En Kreston FLS subrayamos un punto clave que muchos inversionistas pasan por alto: la retención se calcula sobre el capital invertido, no sobre la ganancia generada. Esto puede distorsionar los resultados financieros, especialmente en periodos de inflación elevada o volatilidad económica.
La LISR establece que la retención es un pago provisional sobre los intereses generados, y su tasa se determina anualmente en la Ley de Ingresos. Durante 2024 y 2025, esta tasa se mantuvo en un nivel moderado de 0.50%. Sin embargo, la reforma para 2026 autoriza un incremento significativo a 0.90%. El argumento oficial señala que, con tasas nominales por arriba del 9% y una inflación proyectada cercana al 4%, el interés real es positivo y elevado, por lo que conviene recaudar de manera preventiva mes a mes en lugar de esperar a la declaración anual. La consecuencia práctica es clara: el fisco busca anticipar recursos aprovechando el contexto de rendimientos altos.
Este aumento, no obstante, impacta directamente la liquidez del inversionista. Una mayor retención reduce el capital disponible para reinversión, lo que limita el crecimiento del interés compuesto y afecta el rendimiento neto a lo largo del tiempo. Un ejemplo numérico lo evidencia: con una inversión de $5,000,000 de pesos a una tasa bruta estimada del 10.50%, la retención en 2025 sería de $25,000 pesos, pero en 2026 ascendería a $45,000 pesos. Aunque la tasa sube apenas 0.4 puntos porcentuales, el incremento real en recaudación es del 80%. El inversionista recibe $20,000 pesos menos de flujo inmediato, afectando su capacidad de reinversión.
El impacto se vuelve aún más complejo ante un escenario de inflación ascendente. Si la inflación de 2026 se eleva al 6% y la inversión genera un 5% nominal, el interés real sería negativo y, en teoría, no debería pagarse ISR conforme al artículo 134 de la LISR. Sin embargo, el banco retendrá igualmente el 0.90% del capital. Ello obligaría al contribuyente a solicitar una devolución, lo cual puede traducirse en largos procesos administrativos y en la realidad de que el gobierno se financia temporalmente con capital privado sin pagar intereses por ello.
La reforma también endurece los controles sobre fondos de inversión extranjeros y fideicomisos. Ahora se exigirá un desglose trimestral para acreditar impuestos pagados en el extranjero —con documentación como el W-8BEN—, y si no se entrega dentro de los plazos establecidos, los intermediarios deberán aplicar la retención máxima sin posibilidad de ajustes. Para inversionistas sofisticados y corporativos, esto implica una mayor carga documental y riesgos de sobre retención.
Frente a este panorama, es indispensable que tesoreros corporativos e inversionistas individuales recalculen sus rendimientos netos y revisen sus estrategias financieras considerando una menor entrada de efectivo mensual. Se recomienda ajustar presupuestos, recopilar puntualmente las constancias de retenciones de cada institución financiera y evaluar alternativas que permitan un tratamiento fiscal más eficiente. Existen instrumentos y estructuras con beneficios fiscales diferidos o exentos que pueden ayudar a equilibrar la carga impositiva inmediata.
En Kreston FLS analizamos estos cambios con una visión estratégica que integra aspectos fiscales, financieros y patrimoniales. Nuestro acompañamiento no se limita a calcular obligaciones, sino a optimizar la eficiencia de todo el portafolio. Si desea asegurar que su estrategia de inversión se mantenga sólida ante este nuevo entorno fiscal, nuestro equipo de Impuestos y BPO está listo para asesorarle y garantizar la mejor toma de decisiones.
Autor: Equipo de Impuestos Kreston FLS








